RETRATO DEL JEFE NAYA Y SU HIJA


En 1853 Catlin recorría el estrecho de la Reina Carlota, que separa la isla de Vancouver de la tierra firme, y en un alto fue abordado por un grupo de Nayas que se acercaron para intercambiar conchas y salmón. Luego visitó la aldea, llevando naturalmente su portafolio de dibujos, que mostró al Feje Naya. Este no mostró mayor sorpresa al ver los retratos de los jefes de los Sioux, Osages y Pawnies, pero echó a reír, con todos los de su entorno, al encontrar entre ellos el retrato de César, sirviente negro de Catlin, que en ese momento acompañaba al viajero artista. A poco, todos querían ser retratados. A diferencia de los temores superticiones de los indios del Amazonas, dice Catlin, el jefe Naya consideró un gran honor ser pintado en papel, y solicitó además ser retratado con su hija, que le era muy querida: “la hija llevaba una magnífica manta de lana de moflón de montaña y de pelo perro salvaje, hermosamente tejida con hebras de varios colores, formando los diseños más complicados y curiosos. La manta estaba adornada con una franja de flecos de 18 pulgadas de largo. Este era el trabajo de tres mujeres durante un año, y su valor era de cinco caballos”( Grabado tomado de George Catlin, Excursions parmi les tribus indiennes des bassins de la Colombia et du Haut-Missouri, Le Tour du Monde, 1869) Texto: Ernesto Salazar.

INDIO SENSI





Los Sensi vivían en la vertiente occidental de la Sierra de Cuntamana, en el Ucayali medio. Pertenecían a la tribu de los Schetibos de la que se separaron en 1810, cuando los Franciscanos fundaron la Misión de Chanaya-mana, que duró 11 años. Durante este tiempo, los Sensi se dedicaron a un intenso comercio con los misioneros, intercambiando cera de copal, caucho, zarzaparrilla, vainilla, canela, etc., por dardos, hachas, anzuelos y abalorios. Los Sensi eran muy conocidos por su habilidad en la construcción de canoas, las mismas que eran hechas de una sola pieza, con capacidad para 25-30 remeros, sin contar con los pasajeros. Cuando los Franciscanos se retiraron a Ocopa en 1821, los Sensi no volvieron a unirse con los Schetibos, prefirieron vivir en el sitio de la Misión donde establecieron la aldea de Pancaya (Grabado tomado de Paul Marcoy, Voyage de l´Océan Pacifique a l´Océan Atlantique, a travérs l´Amérique du Sud, Le Tour du Monde, 1865) Texto: Ernesto Salazar.

Theodore De Bry (1528 - 1598)


Theodore de Bry nació en una familia protestante acomodada en Lieja, donde se formó como orfebre y grabador. En 1570, se vio obligado a huir de los Países Bajos debido a la persecución religiosa. Se fue a Estrasburgo, de Bry fue a Inglaterra en 1586 donde hizo algunos de sus grabados más famosos. De regreso en Alemania, la familia de De Bry abrió un negocio de publicación en Frankfurt. De Bry regresó allí en 1589 y se ilustra en diez volúmenes de libros de viajes de América que se publicaron entre 1590 y 1618. Él también creó grabados retratos de hombres famosos, muchos otros la ilustración de libros y grabados, y los diseños de la joyería y orfebrería. (Grabado tomado de: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Theodor_de_Bry.png.
Varios de los grabados de De Bry son utilizados actualmente, con mucha frecuencia, en libros, revistas y anuncios para ilustrar la época antigua.

BENJAMIN DE LA FAMILIA


Cerca de la conocida misión de Pevas y en un afluente del Putumayo, llamado apropiadamente “rio de los Yahuas”, se encontraban las aldeas de San José y Santa María, habitadas por el pueblo de los Yahuas, que a fines del siglo XIX contaban apenas con 100 individuos. Cultivaban la coca en pequeñas escala y mascaban sus hojas de manera similar a los Quichuas andinos, circunstancia constantemente relievada por los Yahuas para reclamar erróneamente su origen andino. Los Yahuas de ambos sexos se rapaban la cabeza y tenían como distintivo los brazaletes hechos de hojas de palma. En el grabado, el hombre descansa en su hamaca y juega con su bebé, mientras la mujer se dedica a las labores de cocina (Grabado tomado de Paul Marcoy, Voyage de l´Océan Pacifique a l´Océan Atlantique, a travérs l´Amérique du Sud, Le Tour du Monde, 1866) Texto: Ernesto Salazar.

LA GRAN PRUEBA


George Catlin (1796-1872) es sin duda uno de los más grandes exploradores del Oeste Americano. A sus numerosos trabajos etnográficos, añadió otro talento, la pintura, que le permitió llegar a la posteridad numerosos cuadros y dibujos de la vida indígena norteamericana antes del avance de la cultura accidental. En 1832 visitó por dos ocasiones la última aldea de los Mandan (2000-3000 habitantes), en la orilla izquierda del rio Missouri. Allí presenció la Okipa, sangrienta ceremonia de iniciación de los jóvenes guerreros en la edad adulta, durante la cual eran sometidos a diversas torturas que culminaban en la suspensión de sus cuerpos de la techumbre de la Gran Cabaña con gruesas cuerdas de cuero anudadas a los músculos del pecho o la espalda. Catlin pudo observar a algunos Mandan con múltiples cicatrices, prueba de haber sido sometidos varias veces al suplicio, y no faltaron otros que habían sufrido hasta la amputación de sus dedos para hacer más meritorio su compromiso con el ritual (Grabado tomado de George Catlin, Excursions parmi les tribus indiennes des bassins de la Colombia el du Haut Missouri, Le Tour du Monde, 1869) Texto: Ernesto Salazar.

LA APACHITA



La palabra apachita significa en kichwa lugar de parada o reposo. En general se las encontraba en los pasos de la cordillera y se las reconocía por los amontonamientos de piedras pequeñas arrojadas por los chasquis, los arrieros o los caminantes, en tributo de gratitud a Pachacamac, por haberles facilitado un transito feliz por las montañas. Garcilaso y Polo de Ondegardo señalan que se dejaban también como ofrendas bolas de coca, palos, tierra, sandalias viejas y plumas. Con el paso del tiempo, puñados de piedrecitas y otros objetos se convirtieron en pirámides de 2 a 3 metros de altura. En un intento de cristalizar estos monumentos, el Concilio Provincial de Lima (1567) ordenó a los sacerdotes desmantelarlos y plantar cruces en su lugar, lo que no ha evitado que aun hoy sigan creciendo las apachitas, a veces adornadas hasta con flores. En el Ecuador es muy conocida la apachita de las Tres Cruces, en el Nudo del Azuay (grabado tomado de Paul Marcoy, Voyage de l´Oceán Atlantique, a travérs l`Amérique du Sud. Le Tour du monde, 1862) Texto: Ernesto Salazar.

BALSA DE LOS ANTIS




Utilizada por los Antis (Campas) de las estribaciones orientales de los Andes peruanos (Gran Pajanal y Pampa del Sacramento), esta embarcación surcaba frecuentemente los afluentes pequeños del río Quillabamba – Santa Ana. Cargada del menaje más variado, incluyendo animales selváticos (hocos, paujíes, penélopes, tucanes, aras, loros, y monos), la travesía en esta balsa solía ser muy animada. Los remeros salpicaban constantemente entre las aves un coro discordante que enloquecía a los monos. En horas de calma no era extraño ver a un remero descansando mientras los monos se agrupaban en trono a su cabeza para extraerle los piojos que le servían de alimento. (Grabado tomado de Paul Marcoy, Voyage de l´Oceán Atlantique, a travérs l`Amérique du Sud. Le Tour du monde, 1864) Texto: Ernesto Salazar.

INDIO GUANERO DE LAS ISLAS CHINCHA











De todos los depósitos de guano del Perú, los de las islas de Chincha son los más famosos por su rico contenido de amoníaco y fosfato, elementos indispensables de un buen abono. El guano de las islas Chincha, formado a lo largo de milenios por las aves marinas, constituye verdaderos sedimentos geológicos de 20, 30 o más metros de altura, explotados en gran escala para el comercio internacional. El olor penetrante de este guano mineral hace la estadía en las islas casi imposible, y el trabajo en las “guaneras” intolerable. De allí que sea digno de admiración el trabajo de la colonia china de las islas, a la que se ha sumado el flujo de migrantes campesinos de Bolivia (Grabado tomado de M. Boussingault, Sur les gisements de guano Dans les ilots el sur les cote de l`Océan Pacifique, Le Tour du Monde, 1868) Texto: Ernesto Salazar.